Silvio Lang: “El teatro es un plano más de producción de existencia”

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Silvio Lang: “El teatro es un plano más de producción de existencia”

PH: Sebastian Freire

El sábado 6 de mayo se presenta por primera vez en la ciudad de Buenos Aires la obra Diarios del odio, una indagación escénica y musical del poemario de Roberto Jacoby y Syd Krochmalny, basado en comentarios online de los lectores de La Nación y Clarín. En esta entrevista, Silvio Lang, su dramaturgo y director, nos cuenta todo sobre la creación teatral junto al grupo ORGIE y nos da su mirada personal acerca del panorama cultural actual.

PH: Se­bas­tian Frei­re

Sil­vio Lang es di­rec­tor es­cé­ni­co y se de­di­ca a la in­ves­ti­ga­ción teó­ri­ca, la en­se­ñan­za y co­la­bo­ra­cio­nes ar­tís­ti­cas en dan­za con­tem­po­rá­nea, per­for­man­ce y tea­tro. En­tre al­gu­nas de sus obras re­co­no­ci­das se en­cuen­tra El Fiord, El Don, Me­yer­hold, freaks­how del in­for­tu­nio del tea­troQue­ri­do Ib­sen: soy Nora.

 

¿Cómo nace el pro­yec­to Dia­rios del odio?

El pro­yec­to nace en­tre los me­ses de sep­tiem­bre y oc­tu­bre, en el seno de un gru­po de in­ves­ti­ga­ción lla­ma­do OR­GIE (Or­ga­ni­za­ción Gru­pal de In­ves­ti­ga­cio­nes Es­cé­ni­cas), con­for­ma­do por mis ex alum­nos de ta­lle­res de ac­tua­ción de los úl­ti­mos dos años. En es­tos ta­lle­res com­par­ti­mos un len­gua­je en co­mún que in­ves­ti­ga las mo­du­la­cio­nes o pro­duc­cio­nes de sub­je­ti­vi­dad con­tem­po­rá­neas.

¿El tra­ba­jo de in­ves­ti­ga­ción par­te de tex­tos o de una bús­que­da cor­po­ral?   

No sé si lo lla­ma­ría cor­po­ral, son prác­ti­cas es­cé­ni­cas. La pro­duc­ción tex­tual se hace den­tro del ta­ller a tra­vés de tex­tos que es­cri­ben los alum­nos so­bre las ex­pe­rien­cias y prác­ti­cas que ha­cen ahí mis­mo, como una bi­tá­co­ra. Lue­go se apli­ca una se­rie de pro­ce­di­mien­tos so­bre esas pro­duc­cio­nes para con­ver­tir­las en can­cio­nes o en otro gé­ne­ros dis­cur­si­vos: como un área de ópe­ra, una can­ción pop, un ma­ni­fies­to, etc. Así, la pro­pia ex­pe­rien­cia es pa­sa­da por otros gé­ne­ros de pro­duc­ción.

¿Cómo de­ci­dís tra­ba­jar con el poe­ma­rio Dia­rios del odio de Ro­ber­to Ja­coby y Syd Kroch­malny?

El poe­ma­rio se edi­tó en sep­tiem­bre y a las dos se­ma­nas de pre­sen­tar­se yo me en­con­tré con el li­bro. Me lle­gó en el mar­co de las cla­ses y or­ga­ni­za­ción del Con­gre­so Trans­ver­sal Es­ce­na Po­lí­ti­ca. Al leer los pri­me­ros poe­mas me pro­pu­se ha­cer­lo, ya que el ma­te­rial del li­bro pro­po­ne un tra­ba­jo para pen­sar en la sub­je­ti­vi­dad fas­cis­ta hoy: cómo lle­ga a cons­ti­tuir­se y qué tipo de cor­po­ra­li­dad pro­du­ce.

¿Qué ope­ra­cio­nes se rea­li­za­ron so­bre el tex­to?

Fue­ron di­fe­ren­tes a lo lar­go del tiem­po. Ja­coby y Kroch­malny hi­cie­ron un aco­pio y se­lec­ción de los co­men­ta­rios en las edi­cio­nes di­gi­ta­les de La Na­ciónCla­rín, para lue­go con­ver­tir­los en poe­mas. El pro­ce­di­mien­to fue to­mar esos tex­tos bru­ta­les co­men­ta­rios ra­cis­tas, xe­nó­fo­bos y cla­sis­tas para con­ver­tir­los en ob­je­to li­te­ra­rio. Con OR­GIE pro­ba­mos pa­sar el tex­to por lo mu­si­cal y por vo­ces ma­si­vas. Pri­me­ro, por­que así des­apa­re­ce algo del or­den ex­pli­ca­dor que tie­ne el tex­to del tea­tro re­pre­sen­ta­ti­vo por­te­ño, y se­gun­do, por­que lo mu­si­cal pone en re­lie­ve la sen­sua­li­dad y las po­si­bi­li­da­des de enun­cia­ción que tie­ne la len­gua. Es una es­tra­te­gia que tie­ne que ver con la ma­te­ria­li­dad, con tra­ba­jar con una es­pe­cie de ma­te­ria­lis­mo en el tea­tro y una crí­ti­ca a la re­pre­sen­ta­ción o al tea­tro re­pre­sen­ta­ti­vo por­te­ño.

¿Rea­li­zas­te al­gu­na se­lec­ción o es­truc­tu­ra so­bre el poe­ma­rio?

El poe­ma­rio tie­ne ya una es­truc­tu­ra­ción pro­pia, en la que los poe­mas se con­fi­gu­ran a par­tir de los ejes de las po­lí­ti­cas es­ta­ta­les del kirch­ne­ris­mo (las di­fe­ren­tes po­lí­ti­cas de de­re­chos hu­ma­nos, como la ley de gé­ne­ro, por ejem­plo). Y a su vez, cada poe­ma es un pro­gra­ma del ma­cris­mo, por­que este go­bierno ha ba­sa­do su pro­gram en to­dos sus odios, esos odios co­di­fi­ca­dos en los co­men­ta­rios de es­tos lec­to­res anó­ni­mos du­ran­te el kirch­ne­ris­mo. Se po­dría pen­sar en­ton­ces al li­bro de Ja­coby y Kroch­malny como una opo­si­ción si­mul­tá­nea, como un pro­gra­ma del go­bierno ma­cris­ta y del go­bierno kirch­ne­ris­ta a la vez. 

Lue­go de las dos fun­cio­nes en el Cam­pus de la Uni­ver­si­dad Na­cio­nal de Ge­ne­ral Sar­mien­to que fue­ron gra­tui­tas y al aire li­bre, ¿cómo con­ti­núa el pa­sa­je a la sala del Cen­tro Cul­tu­ral Paco Uron­do?    

No va­mos a ha­cer tem­po­ra­das, el plan no es ha­cer obri­tas al modo del tea­tro off por­te­ño o en el tea­tro ofi­cial. Para mí, ha­cer obras es ha­cer las con­di­cio­nes de las obras. Cada pro­yec­to im­pli­ca una pro­duc­ción de las con­di­cio­nes para que su­ce­da, nun­ca es aco­mo­dar­lo a lo que ya está dis­po­ni­ble.  

¿Y qué pro­duc­ción im­pli­ca Dia­rios del odio?

Pri­me­ro, la pro­duc­ción de ar­mar un gru­po, de con­se­guir una co­pro­duc­ción de la uni­ver­si­dad, que fue­ra en un Cam­pus y a las afue­ras de Ca­pi­tal Fe­de­ral. Aho­ra es­ta­mos ar­man­do un cir­cui­to para ha­cer pre­sen­ta­cio­nes en di­fe­ren­tes lu­ga­res: en el Paco Uron­do en una sala de ex­po­si­cio­nes para ar­tes vi­sua­les, y des­pués bus­ca­mos ha­cer­la en es­pa­cios como el ex cen­tro clan­des­tino de de­ten­ción Olim­po, el Cen­tro Cul­tu­ral de la Me­mo­ria Ha­rol­do Con­ti, la Uni­ver­si­dad de Ave­lla­ne­da y la Uni­ver­si­dad de Quil­mes, la sala para con­cier­tos de Ca­ras y Ca­re­tas. Bus­ca­mos ha­cer pre­sen­ta­cio­nes en es­tos es­pa­cios ins­ti­tu­cio­na­les y pú­bli­cos, pero no pen­sa­mos en la idea de una tem­po­ra­da tal como se re­pro­du­ce en el tea­tro por­te­ño.


Creo que el teatro porteño, tanto el independiente como el oficial y el comercial sin distinción, de alguna manera producen una escena neoliberal en todos los niveles”


¿Tu pro­ce­so crea­ti­vo par­te de una bús­que­da por re­es­truc­tu­rar los prin­ci­pios de la re­pre­sen­ta­ción tan fuer­tes en el tea­tro por­te­ño?

Más que re­es­truc­tu­rar, es re­ven­tar­los. No hay un re­for­mis­mo, hay una gue­rra a la re­pre­sen­ta­ción que fija y nor­ma­li­za toda ex­pe­rien­cia vi­tal.

¿Bajo qué ca­te­go­rías tra­ba­jas la es­ce­na?

No tra­ba­jo ni con la ca­te­go­ría de Per­so­na­je, ni de Si­tua­ción Dra­má­ti­ca, ni de Ac­ción Dra­má­ti­ca, Con­flic­to o Ar­gu­men­to. No tra­ba­jo con nin­gu­na ca­te­go­ría ni de la Se­mio­lo­gía ni del Tea­tro Re­pre­sen­ta­ti­vo. Ma­ne­jo otras ca­te­go­rías, en don­de se pro­du­cen otro tipo de es­ce­nas, por ejem­plo, la ca­te­go­ría Los Mo­dos de Exis­ten­cia Es­cé­ni­cos, una no­ción que plan­tea otro tipo de pro­ble­má­ti­cas a re­sol­ver­se y otro tipo de pro­ce­di­mien­tos. Per­mi­te pen­sar la es­ce­na como una pro­duc­ción, como una fá­bri­ca de mo­dos de exis­ten­cia, de mo­dos de re­la­cio­nar­se de los cuer­pos y de pro­duc­ción ener­gé­ti­ca.

¿Qué opi­nas del pa­no­ra­ma tea­tral ac­tual?

Creo que el tea­tro por­te­ño, tan­to el in­de­pen­dien­te como el ofi­cial y el co­mer­cial sin dis­tin­ción, de al­gu­na ma­ne­ra pro­du­cen una es­ce­na neo­li­be­ral en to­dos los ni­ve­les: en el ni­vel del dis­cur­so, de los cuer­pos, de las con­di­cio­nes de pro­duc­ción y en la re­la­ción con el pú­bli­co. Para mí hay una ló­gi­ca neo­li­be­ral que fun­cio­na en el tea­tro por­te­ño, y sal­vo al­gu­nas ex­cep­cio­nes, en ge­ne­ral su­ce­de así.

¿Cómo se pro­du­ce esta con­di­ción neo­li­be­ral que ves en el tea­tro por­te­ño?

Creo que al­gu­nas es­cue­las de tea­tro pro­du­cen un tipo de ac­tor neo­li­be­ral, ba­sa­do en una nos­tal­gia del cos­tum­bris­mo, del gro­tes­co ar­gen­tino y del tea­tro na­tu­ra­lis­ta. Todo muy des­li­ga­do y di­so­cia­do de la sub­je­ti­vi­dad ac­tual de la de­mo­cra­cia de ma­sas. Las es­cue­las no tie­nen nin­gu­na ca­pa­ci­dad de afec­tar­se por las sub­je­ti­vi­da­des con­tem­po­rá­neas. No es­tán atra­ve­sa­das por las re­vuel­tas po­lí­ti­cas, ni por las pla­zas, ni por el fe­mi­nis­mo, ni por la teo­ría queer, ni por el su­fri­mien­to neo­li­be­ral, ni por lo que pasa en las ar­tes vi­sua­les, ni por lo que pasa en You­Tu­be. Hay una en­do­ga­mia en los te­mas, en las con­di­cio­nes y pro­ce­di­mien­tos de otro con­te­ni­do que a mí me hace es­tar todo el tiem­po en ba­ta­lla y di­si­den­cia. Creo que es im­por­tan­te pen­sar qué se está ha­cien­do y pen­san­do en las cla­ses e ins­ti­tu­cio­nes for­ma­ti­vas, tan­to pri­va­das como pú­bli­cas, del tea­tro ar­gen­tino. Creo que has­ta que no se pien­se qué se hace ahí, no va ha­ber nin­gún tipo de pro­duc­ción de di­fe­ren­cia en el tea­tro ar­gen­tino. El gru­po OR­GIE es el efec­to de mi in­ter­ven­ción o de mi in­te­rro­ga­ción en los es­pa­cios de for­ma­ción en Bue­nos Ai­res. Fren­te al tea­tro por­te­ño y su iden­ti­fi­ca­ción con cier­tos mo­de­los y pa­ra­dig­mas nor­ma­li­za­do­res y con­for­ta­bles, mi po­si­ción es queer, es una po­si­ción de “des-iden­ti­fi­ca­ción” per­ma­nen­te, de aper­tu­ra, de des­pla­za­mien­to, de agi­te y ocu­pa­ción de lo pú­bli­co.

¿Cómo con­fi­gu­rás el tra­ba­jo con los in­tér­pre­tes des­de la rup­tu­ra de la iden­ti­dad o del in­di­vi­dua­lis­mo?

Tra­ba­jo un tipo de ener­gía que tie­ne que ver con la in­ma­nen­cia de los cuer­pos y de la ex­pe­rien­cia. Con la re­la­ción de los cuer­pos. Y cuan­do digo cuer­pos, no me re­fie­ro sólo al cuer­po hu­mano, me re­fie­ro a la ma­te­ria­li­dad del mun­do y de las co­sas. Lo lla­ma­do por León Ro­zitch­ner, un Ma­te­ria­lis­mo Ma­ri­cón, una es­pe­cie de ma­te­ria­lis­mo sen­sual, con cier­ta igual­dad en la ma­te­ria­li­dad de la ex­pe­rien­cia es­cé­ni­ca. La ma­te­ria­li­dad de las lu­ces, del ves­tua­rio, de la voz, del tex­to, de la mú­si­ca, los ob­je­tos, de la ar­qui­tec­tu­ra de la sala y del pú­bli­co como ele­men­to real. Com­po­ner esos pla­nos y ver cómo se pro­du­cen esas ten­sio­nes en la he­te­ro­ge­nei­dad y en la pro­li­fe­ra­ción.


Busco que en mi escena se desborde toda esa energía normalizada en el deseo amo, que la invención de otros modos de vida desborde la normalidad y su energía capturada”


¿En qué pen­sás a la hora de ini­ciar tu pro­ce­so crea­ti­vo?

Siem­pre ten­go como pun­to de par­ti­da: qué quie­ro o ne­ce­si­to pen­sar a par­tir de lo que me pasa a mí como sub­je­ti­vi­dad ins­crip­ta en lo pú­bli­co. Mi pre­gun­ta ac­tual es: ¿cómo es una exis­ten­cia que no sea neo­li­be­ral? Lo que a mí me in­tere­sa pen­sar es cómo es un modo de exis­ten­cia di­si­den­te e in­su­mi­sa a la for­ma de vida neo­li­be­ral que nos hace su­frir tan­to, que nos vuel­ve tan poco em­pá­ti­cos con el mun­do y las otras per­so­nas. Creo que to­dos su­fri­mos mu­cho en esta reali­dad neo­li­be­ral que se es­ta­ble­ce como tau­to­ló­gi­ca, sin di­fe­ren­cia, don­de la vida se en­cuen­tra ba­sa­da en el cálcu­lo, la es­pe­cu­la­ción, el in­di­vi­dua­lis­mo, en creer que uno es due­ño de su vida. Y esa nor­ma­li­dad del neo­li­be­ra­lis­mo ofre­ce una se­rie de de­seos, de tra­yec­tos de vida y de ex­pec­ta­ti­vas que pro­du­cen en­fer­me­da­des de la nor­ma­li­dad: el pá­ni­co, la de­pre­sión, la an­sie­dad, el es­trés, el sui­ci­dio. Para mí se tra­ta de pen­sar las con­se­cuen­cias del po­der neo­li­be­ral en to­dos los ám­bi­tos, tan­to en el plano de la mi­li­tan­cia, de la vida po­lí­ti­ca, de la re­se­ña li­te­ra­ria, de la for­ma­ción y pro­duc­ción es­cé­ni­ca y los con­tra­po­de­res in­ven­ti­vos po­si­bles.

¿Qué de­ci­dís fo­ca­li­zar en la pro­duc­ción de una sub­je­ti­vi­dad fas­cis­ta?

El con­cep­to que creo que or­ga­ni­za to­das las aris­tas es la ca­te­go­ría del ra­cis­mo, no tan­to como una cues­tión con­tra los ne­gros, sino como una cues­tión on­to­ló­gi­ca. Es un tipo de or­ga­ni­za­ción de la ve­ci­no­cra­cia, como pro­po­ne el ma­cris­mo y el neo­li­be­ra­lis­mo, ya no la fi­gu­ra del ciu­da­dano sino la del “buen ve­cino”. La ve­ci­no­cra­cia pro­du­ce un tipo de de­re­cho al fas­cis­mo, que es lo que vi­vi­mos hoy. El ve­cino quie­re vi­vir tran­qui­lo y para lo­grar­lo se va a en­go­rrar (como di­cen en Co­lec­ti­vo Ju­gue­tes Per­di­dos), se va a po­ner la go­rra para que na­die joda. En­ton­ces, para cui­dar su cua­dra y su pro­pie­dad pri­va­da, se vuel­ve po­li­cía. El ma­cris­mo crea una so­cie­dad po­li­cial, don­de cada uno es po­li­cía de sí mis­mo y de los otros.

¿Cuál es la es­té­ti­ca que sur­ge de este pa­no­ra­ma?

El ma­cris­mo pro­du­ce es­té­ti­ca. Por ejem­plo, des­pués del 8M (Paro In­ter­na­cio­nal de Mu­je­res) el ma­cris­mo ne­ce­si­ta­ba pro­du­cir una caza de bru­jas, ne­ce­si­ta­ba la ima­gen de una mu­jer ac­ti­vis­ta les­bia­na arras­tra­da de los pe­los por el as­fal­to en ma­nos de un po­li­cía. En este em­pla­za­mien­to, en la cul­tu­ra de la ve­ci­no­cra­cia, el ma­cris­mo es­ta­ble­ce que hay vi­das que no me­re­cen ser vi­vi­das y de­ben ser re­pri­mi­das o eli­mi­na­das. Esto se­ría el ra­cis­mo, la im­po­si­bi­li­dad de li­diar con mo­dos de vida di­fe­ren­tes y la ca­pa­ci­dad de eli­mi­nar otras on­to­lo­gías.

Fren­te a la ve­ci­no­cra­cia, ¿hay otra for­ma po­si­ble?

En prin­ci­pio con­si­de­ro que hoy hay dos op­cio­nes po­lí­ti­cas: co­mu­na­li­dad o ve­ci­no­cra­cia. O pen­sa­mos una vida en co­mún y en co­lec­ti­vo con los co­lec­ti­vos y la li­ber­tad co­lec­ti­va, o pen­sa­mos la in­di­vi­dua­li­dad neo­li­be­ral, la vida in­di­vi­dual del ve­cino.

¿Cuál es el lu­gar del Tea­tro fren­te a este ac­cio­nar del Es­ta­do? ¿Cómo ac­cio­na el tea­tro en la co­mu­na­li­dad?

Fren­te al neo­li­be­ra­lis­mo que es­ta­ble­ce una nor­ma­li­za­ción de la vida, un con­trol y pro­duc­ción so­bre la vida, es ne­ce­sa­rio pen­sar una éti­ca de la es­ce­na. Pen­sar di­fe­ren­tes re­la­cio­nes, pro­ce­di­mien­tos y con­di­cio­nes so­bre los ele­men­tos, por ejem­plo, la re­la­ción con el tex­to. ¿Hay una re­la­ción de or­den ex­pli­ca­ti­va o sen­sual, o del or­den de la vi­ta­li­dad? Creo que el tea­tro es un plano más de pro­duc­ción de exis­ten­cia. Un poco lo que pasa con mis obras, es que uno se en­cuen­tra con una ener­gía, no hay modo de que el es­pec­ta­dor no en­tre en re­la­ción cuer­po a cuer­po, que haya un poco de em­pa­tía o an­ti­pa­tía que lo sa­que un poco de la psi­co­pa­tía neo­li­be­ral. Bus­co tra­ba­jar cier­to des­bor­de de pro­duc­ción de ener­gía. El neo­li­be­ra­lis­mo se apro­pia de nues­tra ca­pa­ci­dad de coope­ra­ción, y la idea es re­cu­pe­rar y reapro­piar­se de di­cha coope­ra­ción y usar­la para nues­tros de­seos co­lec­ti­vos, no para el de­seo amo. La idea es des­ali­near­se y pro­du­cir con nues­tra ener­gía vi­tal otro tipo de pro­yec­tos y coope­ra­cio­nes. Eso se­ría la co­mu­na­li­dad para mí y es una idea de la pen­sa­do­ra y ac­ti­vis­ta me­xi­ca­na Ra­quel Gu­tié­rrez Agui­lar. Bus­co que en mi es­ce­na se des­bor­de toda esa ener­gía nor­ma­li­za­da en el de­seo amo, que la in­ven­ción de otros mo­dos de vida des­bor­de la nor­ma­li­dad y su ener­gía cap­tu­ra­da. Bus­co lo­grar un des­en­ca­de­na­mien­to de las pa­sio­nes.


¿Qué? Dia­rios del odio.

¿Dón­de? En Paco Uron­do Cen­tro Cul­tu­ral (25 de Mayo 201, CABA).

¿Cuán­do? El sá­ba­do 6 a las 19 ho­ras y el miér­co­les 10 a las 20 ho­ras.

¿Cuán­to? Bono con­tri­bu­ción de $50.


Ficha técnico artística:

Actúan: Marcos Arriola, Marcio Barceló, Eva Calderone, Augusto Chiappe, Tomás Deías Spreng, Julián Dubié, Juli Hadida, María Jesús González, Ramiro Guggiari, Rodrigo Hache, Hugo Martínez, Javier Olivera, Juanse Rausch, Soledad Marrero Senlle, Rodolfo Opazo, Valentin Piñeyro, Flor Sanchez Elia, Nahuel Vec, Nehuen Zapata y Gianluca Zonzini.

Composición musical: Valentin Piñeyro y ORGIE.

Entrenamiento de movimiento: Rodolfo Opazo.

Diseño de maquillaje y máscaras: Emanuel Nem.

Asistencia de maquillaje: Jimena Mejuto.

Asesoría de vestuario: Endi Ruiz.

Asesoría teórica: Pedro Yagüe y Santiago Azzati.

Registro y documentación audiovisual: Yasmin Reguero, Magali Matilla, Daniela Horovitz, ORGIE y Purnima Foto.

Diseño gráfico: Julián Dubié.

Edición de video: Tomás Deías Spreng.

Asistencia de dirección: Sofia D'Amelio.

Producción: Madriguera.

Dramaturgia y Dirección: Silvio Lang. 
Cecilia De Paoli
Cecilia De Paoli
Licenciada y Profesora en Artes Combinadas (UBA). Estudió Dirección de Arte e Imagen aplicada a la escena y los medios de comunicación en el Centro de Arte y Diseño de Evelyn Bendjeskov. También incursionó en actuación y dirección teatral con Mariela Asensio, Alejandro Genes Radawski, José María Muscari y Mayra Carlos. Participó como actriz en obras de la compañía Quirófano Teatral. Actualmente realiza un taller de montaje teatral y entrenamiento actoral en el CELCIT. Fue redactora estable de Originarte.org, revista cultural.